Viernes de Ceniza con Bratty (Teatro Metropólitan 2026)

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¿Cuándo fue la última vez que viste a un artista bajar del escenario en pleno concierto? Bratty lo hizo tres veces este pasado 18 de septiembre.

Recuerdo verla por primera vez en uno de los escenarios pequeños del Vive Latino, con el rudo sol de marzo, y su hermosa voz en el ambiente. Desde entonces noté que su manera de conectar con la audiencia era especial. Me cautivó tanto, que escuché TRES (Álbum del 2023) a primera hora del lunes. Así que, cuando recibí el mensaje de: “¿Quién está libre el viernes por la noche para ver a Bratty en el Metropólitan?”, respondí en una milésima de segundo y, cuando menos me di cuenta, ya estaba enormemente emocionada con la idea, escuchando mis canciones favoritas e imaginando la puesta en escena.

El Teatro Metropólitan es sin duda, uno de mis recintos favoritos de la CDMX, no tanto por lo que está adentro sino por lo que lo rodea; debo de admitir que fue un detallazo pasar por el barrio chino, escuchando las rolas de HOSHI y sintiendo en los poros esa emoción tan singular de ver en vivo a un artista que te gusta. Toda una vibra. Super ad hoc a la canción con la que se inició el show: siempre quiero +, que con su saturación de guitarras y la angelical voz de Bratty en loop, hicieron que el público conectara de inmediato con el momento.

El escenario era sencillo: guitarra a la derecha, batería a la izquierda y su característica estrella roja en el centro. No había pirotecnias ni ningún tipo de elevador involucrado. Solo Bratty, sus canciones y seis versátiles bailarines con playeras blancas. Disfruté muchísimo que en la mayoría de las canciones, se proyectaba la letra y que el show se sentía dividido por colores que representaban emociones. El primer bloque del concierto: todas rolas de HOSHI, con distintos tipos de juegos de luces rojas. Manteniendo ese estilo tan propio de upbeat depresivo que se encuentra en todo el sonido urbano alternativo de los últimos años.

En verdad los bailarines hacían del show algo inigualable, las coreografías se adaptaron perfectamente a las canciones y se sentía entre los miembros del equipo esa conexión que se desbloquea después de muchas horas de ensayo. Eran bailarines que brincaban, levantaban, se estiraban e interpretaban; con líneas preciosas y expresiones concisas.

El segundo bloque de canciones era fundamentalmente azul; empezando con tres grandes canciones de TRES (😉): Estos Días, Agosto y Que Yo A Tí. Después de estas, las luces amarillas fueron incorporándose poco a poco, generando en mí un mecimiento delicioso, con sabor a tranquilidad post nostalgia.

La mitad del show fue marcada por un par de colaboraciones; algunas como: no queda nada y Continental, adaptadas para la presentación individual, fueron de las mejores recibidas por el público; en esta última, Bratty bajó del escenario y eligió a una fan de entre la audiencia para cantar con ella. Sin duda este fue uno de los momentos más memorables para mí, no solo porque la rola me fascina, sino porque valoro muchísimo la intimidad que un artista pueda generar con sus fans.

En este departamento, Bratty no solo cumplió con mis expectativas sino que las superó. No se encuentran muy seguido cantantes que bajen del escenario a cantar y bailar con su público.

Sonó La Última Vez, las luces parpadearon y todo el público brincó. A estas alturas del show, todos los asistentes ya amábamos no solo a Bratty, sino también a Abigail, quien entre canciones aprovechó para agradecer a su mamá por todo el apoyo brindado; yo soy un alma sensible chicxs, esto me hizo llorar un poco.

De repente, oscuro total. Se fueron prendiendo unas pocas luces azules y otras blancas. Después se encendió todo y Bratty apareció en el centro del escenario con una guitarra acústica. Empezó a sonar Linger de los Cranberries y todos perdimos la cabeza. En mi opinión, la dulce y suave voz de Bratty es una de esas que reluce mucho con la sencillez, por lo que una canción como esta, solo con el acompañamiento de la guitarra, se sintió como una decisión brillante. Este sin duda fue mi momento favorito de la noche. Un instante perfectamente construido.

La energía no volvió a subir después de esto, rechazando así el cliché de concierto de terminar con la potencia al máximo; fue un respiro de tranquilidad, preparando el espacio para cerrar la noche con esta vibra tan etérea que provocan las canciones de Bratty. La última canción fue justo la que imaginé que sería: no te olvides de mí, que trajo consigo un cierre hipnótico que embonó perfecto con el resto de la setlist.

Se disparan los clásicos confetis de colores, unos cuantos remates con la guitarra y fin del show. Solo me queda agradecer por una puesta en escena impecable y canciones hermosas. Y sobre todo, por esa caminata entre el teatro y el metro, un viernes por la noche en el centro de la ciudad con un particular re gusto de euforia. Podría hacer esto por el resto de mi vida.

Texto por: @lindy_indie

Fotos por: @josejorgecarreon (cortersía de @ocesa)

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