“Let’s hear it from the man of the year” hdsm: Lorde en México, 2026.

Sudadas y tarde en el transbordo de la línea verde a la café, mi mejor amiga y yo sabíamos que no solamente íbamos a un concierto de una de nuestras artistas favoritas, sino a un ejercicio de transparencia y al bálsamo que necesitábamos.
Escuchámos a Erika de Casier mientras corríamos en botas pisa cucarachas altísimas corriendo hacia la entrada del Palacio de los Deportes y fondeándonos un agua para evitar la deshidratación que podría conllevar ser pacientes psiquiátricos (como buenas fans de Lorde).
Para cuando encontramos nuestros asientos, la impresión fue tanta que nos erizó la piel.

Lorde, mi amiga que me manda correos directamente para contarme que ha hecho de su vida cada vez que desaparece estaba frente a nosotros interpretando Hammer.
Podemos hablar de cuánto necesitábamos la maldita Green Light para por una vez en nuestra vida let the fuck go.
La caminadora en Supercut porque en nuestra cabeza nosotras también hacemos todo bien, o como cantamos Liability llorando, tomadas de la mano porque en más de una ocasión nos han hecho sentir que somos demasiado para les demás.
En David (mi más personal) Lorde se aventó como cabrona — que si me preguntan es cosa de escorpionas como yo — a caminar entre el público mientras cantaba:
“If I’d had virginity, I would have given that too
Why do we run to the ones we do?
I don’t belong to anyone”.
“I made you God ‘cause it was all
That I knew how to do”.
“Am I ever gon’ love again?
Am I ever gon’ love again?
Am I ever gon’ love again?”.


Fue el ancla necesaria, pero la magia real ocurrió en lo invisible: saber que entre la multitud también estaba ese amigo con quien comparto una herida reciente. Aunque nos separaban filas de asientos, la música borró esa distancia. Cantar las mismas letras, procesando dolores similares en un espacio compartido, nos hizo sentir que, aunque el duelo se vive por dentro, no tiene por qué vivirse en soledad.
Lorde no se presentó como una estrella inalcanzable, sino como alguien que viene a ponerse al día con sus compas. Siempre me he sentido como que ella es mi hermana mayor que me lleva 5 años y me prepara con su música para la próxima etapa de mi vida.
Hay una honestidad muy incómoda en admitir la tristeza cuando el mundo espera que brilles. Lorde nos confesó que, en su visita anterior durante la era de Solar Power, la melancolía era su sombra constante. Verla ese día, declarando que se siente ‘the happiest she’s ever been’, cambió la percepción de sus canciones y transformó el concierto en una celebración de la resiliencia humana.
Nos dio permiso de no estar bien, con la promesa de que la felicidad eventualmente vuelve a aparecer.

Para Malia y Nube <3.
Texto por: @whothefuckispauromo
Fotos por: @sebas_manza